El gazpacho es un plato sencillo, y tirando de brocha gorda, su preparación se podría resumir como un triturado de verduras frescas con aceite, vinagre y sal. Sin embargo, hay gazpachos excelentes, buenos, regulares y malos, y seguro que has probado ejemplares que caben en las distintas categorías. Como siempre ocurre en la cocina popular, el secreto está en los detalles: por mucho que discutamos si lleva pepino, cebolla o pan, la técnica importa tanto o más que los ingredientes que decidas usar o no.
El laboratorio secreto de El Comidista ha identificado los ocho errores más habituales en la preparación de la sopa fría andaluza. Como sabemos que existen muchas almas descarriadas a las que no les basta con eso y necesitan una receta, también la damos, con la advertencia de que las cantidades y los ingredientes se pueden modificar. ¿Que no te seduce el pepino? No se lo pongas. ¿Lo quieres más espeso? Añade un poco de pan. Y así sucesivamente. Lo importante es no cometer fallos, y para eso debes ver el vídeo de arriba.
Quitar los pedúnculos a los tomates con un cuchillo.
Despepitarlos rompiéndolos con las manos sobre un bol con un colador encima, para que las semillas caigan sobre él. Rasparlas con una cuchara para que suelten todo su líquido y la pulpa que las rodea. Desechar las semillas y juntar el líquido con el tomate.






