La próxima semana se celebrará en Sevilla la IV Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo, donde se espera que se definan el marco de gobernanza y las estrategias de financiación del desarrollo sostenible internacional para los próximos años. Los borradores de los compromisos finales ya están disponibles y apuntan a una estructura de acuerdos similar a la definida en Adís Abeba hace una década.
En aquella cumbre de 2015, pensada como complemento a la aprobación de la Agenda 2030 y los Acuerdos de París en materia climática (COP25), se pusieron los cimientos del actual sistema de financiación internacional del desarrollo. La cumbre planteó una idea revolucionaria: que la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) ya no era suficiente para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) a nivel global, y que era necesario diversificar las fuentes de financiación para alcanzar los famosos “trillions”. El lema de la Cumbre fue: “from billions to trillions”: de los billones a los trillones, en términos norteamericanos; aunque, en la traducción estricta al castellano, el lema de la cumbre se refería a pasar de los miles de millones a los billones.
Los cálculos que hacían en aquel entonces los principales organismos internacionales estimaban que se necesitaban entre uno y dos billones de dólares para alcanzar los ODS. Las estimaciones actuales hablan ya de unos cuatro billones para cerrar el gap financiero. En cualquier caso, dado que la AOD no podía alcanzar a cubrir estas exigencias financieras, ya que se movía entre los 150.000 y 200.000 millones de dólares netos anuales, resultaba inevitable buscar nuevas fuentes de financiación complementarias.









