La Junta de Andalucía ha reunido en la tarde del miércoles a patronal y sindicatos para sellar un preacuerdo que desactive la huelga de los trabajadores del sector del metal en Cádiz, en marcha desde hace una semana, con importantes perjuicios para los astilleros de Navantia y que amenaza con una rebelión de las grandes cruceristas afectadas por los retrasos en las entregas de sus barcos. Algunas de ellas han pasado de las palabras a los hechos y han optado por llevarse sus embarcaciones a otros emplazamientos donde cumplan los plazos pactados.

Eso es precisamente lo que ha hecho Carnival, la mayor crucerista del mundo, ante los retrasos acumulados para la entrega de su barco Liberty. La compañía tenía reserva de dique para reformar tres barcos (Miracle, Valor y Liberty). Los plazos en el caso de los dos primeros se cumplieron, pero en el del tercero se prolongaron sine die por la huelga de los trabajadores del metal. Ante la perspectiva de que no se cumplieran los plazos de entrega, la crucerista optó por llevarse el barco a los astilleros de Marsella y ha demandado a Navantia ante los tribunales exigiéndole el pago de 4,5 millones de euros por daños y perjuicios.

Pero lo sucedido con el Liberty puede ser tan solo la punta del iceberg y el tsunami de cancelaciones de contratos puede llevarse por delante una de las líneas de negocio que más estaba creciendo para la empresa pública, dependiente de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). Por ello desde Navantia, que prefieren no pronunciarse sobre las futuras consecuencias de la huelga, están centrados en una estrategia en dos direcciones: la primera es tratar de frenar la huelga y la segunda es garantizar a sus clientes que lo sucedido en el caso del Liberty es una excepción y que no va a volver a suceder. Fuentes de la compañía pública reconocen que el acuerdo a largo plazo suscrito con Carnival en 2018 estuvo precedido por cinco años de negociaciones y que en la actualidad hay firmados 11 barcos para su reparación en los próximos tres años. Un contrato que en el actual contexto de conflictividad social está en el alero. La flota de Carnival está compuesta en la actualidad por 27 barcos, a los que se sumarán otros siete en los próximos ochos años: dos en 2025 procedentes de la integración de la crucerista P&O en Australia, otros dos en 2027 y 2028 y otros tres aún sin cerrar.