Pedro Sánchez creó un gabinete de crisis para pensar la estrategia a seguir ante la avalancha de informaciones que ya salpicaban a Santos Cerdán y torturaban día tras día al Gobierno como una gota malaya. El presidente incorporó al exsecretario de Organización del PSOE a un gabinete de crisis del que formaron parte un reducidísimo grupo de su más estricta confianza, con cinco de los principales ministros, y que mantuvo al menos dos reuniones, según coinciden varias fuentes gubernamentales consultadas por EL PAÍS. “Resulta que teníamos al zorro en el gallinero”, se lamenta un miembro del Gobierno.

Cerdán se ocultaba a la vista de todos. El ex número tres del PSOE, al que la Unidad Central Operativa (UCO) sitúa gestor de las mordidas de una presunta trama corrupta con José Luis Ábalos y Koldo García, mantuvo la confianza de Sánchez y del cogollo del Gobierno hasta la mismísima mañana en que el informe de la unidad anticorrupción de elite de la Guardia Civil reveló su lado oscuro. El político navarro, que defiende su inocencia a pesar de los indicios en su contra, representó a la perfección durante años un doble papel que le abrió de par en par las puertas de Ferraz y de La Moncloa. “Hasta el último segundo del último minuto antes de que el informe de la UCO nos estallara en las manos el 12 de junio”, resumen en la cúpula del Ejecutivo.