La historia siempre la escriben los vencedores y Santos Cerdán formó parte hasta la semana pasada del bando agraciado en el PSOE desde el regreso triunfal de Pedro Sánchez a Ferraz en las primarias de 2017. La presunta trama de corrupción que integró junto a José Luis Ábalos y Koldo García descubierta por la Unidad Central Operativa (UCO) no solo es un escándalo “de proporciones bíblicas”, según lo define un diputado que lo ha visto casi todo en el Congreso, sino que puede llevarse al Gobierno por delante “como un tsunami”. La crisis, en la que el ex número tres de los socialistas habría sido el cerebro de una red de mordidas a cambio de contratos públicos millonarios, tiene una lectura orgánica: Cerdán aprovechó el poder casi absoluto que le confirió Sánchez, que fue desentendiéndose del partido y se centró en el Ejecutivo, para purgar a los adversarios internos.

La mayoría de los damnificados pertenecían al entorno de Adriana Lastra, que en verano de 2022 renunció como vicesecretaria general del PSOE tras sufrir, hasta que dimitió, “una operación de acoso y derribo” de Cerdán que en su momento pensó que era “por machismo”. Lastra y otros cuadros que cayeron en desgracia se reivindican en público y en chats internos donde se han reafirmado, aunque este movimiento no puede leerse como el preludio de ninguna iniciativa orgánica contra Sánchez. “La cabeza alta, compañeros, que la agachen los que han hecho esto”, animó Lastra el pasado viernes en el grupo de whatsapp de los diputados del Congreso de la legislatura pasada, según las conversaciones a las que ha tenido acceso EL PAÍS.