El regreso triunfal de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE en 2017 a Ferraz a lomos de la militancia no se entendería sin José Luis Ábalos ni Santos Cerdán. Por eso el golpe propinado por la investigación de la Unidad Central Operativa (UCO), la unidad anticorrupción de la Guardia Civil, es tan colosal. Golpea de lleno en el corazón y el motor de un partido sacudido por una crisis durísima. La implicación de dos secretarios de Organización consecutivos en una trama de corrupción revienta el relato de la persecución promovida por la derecha política y judicial y mancha todo el segundo mandato de Sánchez en Ferraz, desde donde dio el salto a la presidencia del Gobierno vía moción de censura contra el PP tras la sentencia de Gürtel. “Ábalos y Cerdán eran lo mismo y no podían estar más dentro. Es difícil levantarse de algo así”, resumen en La Moncloa. El escándalo ha obligado a Sánchez a ordenar una auditoría interna de las cuentas del partido.
El desengaño del PSOE con Cerdán (Pamplona, 56 años) es proporcional a la sorpresa de las mordidas que habría descubierto la UCO. “No le pega nada”, balbucea un miembro de la dirección del partido. “Ábalos era de otra forma, se llegaba a quejar de que firmaba nombramientos de gente que cobraba tres veces más que él cuando estaba en el ministerio y protestaba por la parte del sueldo que destinaba al partido, pero lo de Santos... Esto nadie lo vio venir”, recuerda un antiguo miembro de su equipo. El que menos, Pedro Sánchez, que reforzó a Cerdán, revalidándole de nuevo al frente de Organización en el 41º Congreso Federal de finales del año pasado en Sevilla cuando ya había rumores sobre sus conexiones presuntamente ilícitas con Ábalos y García. Hasta la mañana de jueves, el líder del PSOE estuvo convencido de su integridad, según reconoció en su primera rueda de prensa en Ferraz desde 2018.








