Un hombre de cuerpo esculpido en el gimnasio, que bailaba desnudo a excepción de un minúsculo slip de baño plateado, fue una de las imágenes más difundidas de la última edición de la feria de arte Art Basel, que se celebró la pasada semana en Basilea (Suiza). Se trataba de la performance Untitled (Go-Go Dancing Platform), creada por el artista conceptual cubano-estadounidense Félix González-Torres en 1991, que desde entonces conserva intacto su poder de fascinación. Por supuesto, un espécimen humano particularmente bello y ligero de ropa sigue atrayendo las miradas hoy como ayer. Pero lo que hasta hace poco fue una prenda controvertida, también llamada turbo, speedo o braga náutica (entre otros nombres), ahora va camino de aceptarse como una opción indumentaria más durante los meses de verano, cada vez más largos y calurosos, cambio climático mediante.
Claro que esto no afecta del mismo modo a todo el mundo. No están en igualdad de condiciones un hombre homosexual y uno heterosexual, ni uno joven que exhibe un cuerpo canónico y uno entrado en años o que no ha cultivado demasiado su físico. Así que todo indica que en este ámbito siguen operando los mismos prejuicios de siempre. Si para otra artista, Barbara Kruger, el cuerpo es un campo de batalla, este fragmento de tela elástica que cubre una mínima parte del cuerpo en cuestión puede convertirse en un arma cargada de política.






