“Llegué a Tánger con siete años, cuando se hablaba español y se pagaba en pesetas”, rememora en el Café de París, emblema de la edad de oro internacional de la capital del Estrecho, el escritor franco-marroquí Tahar Ben Jelloun (Fez, 78 años), premio Goncourt. “Conservamos aún una relación de nostalgia; España está en nuestros sueños. Es algo muy próximo”, reconoce entre gestos de agradecimiento a los lectores que le reconocen con un saludo. “De niño vivía en el barrio de Marshan, cerca de la alcazaba, y de noche veía las luces de Tarifa”, evoca.
En la misma fortaleza que corona la medina se han reunido el pasado fin de semana en torno a su figura escritores, artistas y académicos marroquíes, españoles, franceses y libaneses en la primera edición de los Encuentros del Mediterráneo en Tánger, coordinados por la Librería de las Columnas, faro cultural de la urbe. “Es una ciudad aparte”, resalta Ben Jelloun, que inauguró los Encuentros y participó en uno de los debates clave. Sostuvo que el Mediterráneo es una visión del mundo, una manera de ser. “Pero no se trata de un mar calmado”, advierte, “el mar blanco, como se le denomina en árabe, sino un mar rojo”, por la sangre de los naufragios de la inmigración irregular.







