Pedro Sánchez estaba siendo sometido al implacable asedio de una conjunción de fuerzas unidas bajo la consigna lanzada por José María Aznar: “El que pueda hacer que haga”. Lograron abrir múltiples causas en los juzgados con las que pretendían conseguir un golpe de efecto capaz de desestabilizar el frágil entramado político que sostiene la legislatura. Su objetivo era que Pedro Sánchez tirara la toalla (estuvieron a punto de lograrlo con la imputación de su esposa) o que perdiera apoyos y tuviera que convocar elecciones. Y en esas, les salió el sol: apareció un cisne negro en el interior mismo del PSOE. Una trama corrupta que involucra a los dos últimos secretarios de organización del partido y a un conseguidor cuyo ascenso meteórico ya indica que muchos controles no había.
Pedro Sánchez ha quedado muy tocado. Pero ¿está hundido? Dependerá de si los socios de investidura se dejan arrastrar por la política de la ansiedad o mantienen la cabeza fría. Porque todo depende de ellos. Desde luego estará hundido si aparece algún indicio de que la trama ha servido para financiar al PSOE. Pero de momento no los hay y aunque el líder del PP Alberto Núñez Feijóo da por hecho que es así y que Sánchez lo sabía, ni tiene fuerza para presentar una moción de censura ni lo socios tienen motivos para pensar que unas elecciones anticipadas son la mejor solución.






