Es casi una tradición que, cuando un nuevo torneo nace, desde el entorno más próximo al Barça se tarde un minuto en despreciarlo y varios lustros en desearlo, club centenario y al mismo tiempo adolescente. Ocurrió en su día con la Copa de Europa, aquel invento desclasado de Santiago Bernabéu y los franceses para competir con la Copa de Ferias, el santo grial de las vitrinas azulgranas del siglo pasado. Para cuando quiso actualizarse y reaccionar, el máximo rival político y deportivo ya había ganado cinco, un error de cálculo que podría repetirse con el nuevo Mundial de Clubes auspiciado por la FIFA mientras desde Barcelona se insiste en catalogarlo como torneo de verano, competición sin sentido o, directamente, timo de la estampita.

Habrá que decir, en honor a la verdad, que no parece el sentir mayoritario de la afición ni de las personas que dirigen el club. Y comenzando por un Joan Laporta que se revolvió cual jabato cuando su entrenador de entonces, Don Xavier Hernández Creus, decidió poner en riesgo la participación del Barça tomándose a chufla aquel partido de la Liga de Campeones contra los belgas del Amberes que otorgaba la clasificación en caso de victoria. No fueron pocas las voces que se alzaron contra la apatía del técnico, algunas contestadas por el propio Xavi desde la sala de prensa: si a los periodistas no les gustaba que su equipo tirase por tierra la posibilidad de jugar el Mundial, a él no le gustaban las columnas de dichos periodistas. Empate. Y aquí paz y después gloria, pero para otros, no para el Barça.