Marc Ter Stegen afirma por activa y por pasiva que la próxima temporada estará en el Barcelona. Quizá porque nunca se imaginó que un portero podía quedar en fuera de juego y menos en un equipo como el azulgrana, habla de “estar” más que de jugar, como si no diera por sentado que será titular después de que el club haya pagado 26,3 millones —el importe de la cláusula de rescisión (25 millones) más el IPC (1,3 millones)—, por el fichaje durante seis temporadas de Joan García, el guardameta que más paradas hizo la pasada Liga. Acumuló 146 y una efectividad del 73%, lo que lo situaría a siete de Flekken en el Brentford (con 153 e idéntica efectividad), esto es, con la segunda cifra más alta de las grandes ligas europeas.
Pese a todo, Ter Stegen parece dispuesto a pelear por el puesto con García. Una competitividad que no se sabe hasta qué punto le conviene al Barça. El alemán sospecha que desde el Camp Nou le mueven la silla porque su salida a los 33 años supondría un alivio para el fair play financiero y para la carrera de García, de 24 años.
El desafío no se presenta sencillo porque nunca se preparó para irse, sino que se desvivió por llegar desde que fue avistado y contratado por Zubizarreta en 2014. Ter Stegen no paró de hablar y pasear por Mönchengladbach con el entonces director azulgrana para afrontar el desafío de sustituir a un mito como Víctor Valdés. Nadie como Zubizarreta, ex portero azulgrana y del Athletic, para prevenir al alemán sobre la dificultad que suponía defender un marco que había devorado a figuras como Vitor Baia. Zubizarreta explicaría seguramente a Ter Stegen que el día de su debut en 1986 fue recibido en el Camp Nou con una pancarta de apoyo a Urruti, el ídolo de la hinchada culé relegado a la suplencia, el mismo que paró el penalti que permitió ganar la Liga en Valladolid (1986) y el que detuvo dos tiros desde los once metros en la fallida final de Sevilla.








