Desde que los lobos comenzaran a acercarse a los humanos en busca de calor y comida, y estos descubriesen los beneficios que ofrecían los cánidos para cazar y protegerse, la relación entre la humanidad y los perros ha estado escrita de manera conjunta. Primero como animales de trabajo, protegiendo hogares, rebaños o tirando de trineos, y más tarde dentro del hogar como mascotas y en muchos casos como parte de la familia.
Los perros llevan milenios a nuestro lado, por lo que no es de extrañar que tengan también su representación en el arte. En ciudades de todo el planeta se encuentran estatuas que encarnan algunos de los canes más representativos de la historia como Laika, la primera perra espacial, o Balto, el perro guía de la carrera del suero en Alaska. También otras que reconocen su lealtad o su inestimable apoyo en desastres naturales. Este es un recorrido por algunas de las estatuas perrunas más representativas del mundo.
La popular historia de Hachiko ha inspirado películas, libros, capítulos de series de televisión e incluso aparece en varios videojuegos. Según se cuenta, este perro de raza akita acudía cada día a recibir a su dueño, el profesor Hidesaburo Ueno, a la estación de Shibuya, en Tokio. En mayo de 1925, Ueno murió de un infarto cerebral mientras daba clase y no pudo reencontrarse con Hachiko como hacía todos los días. Desde su muerte, el perro siguió acudiendo a diario, y durante una década, a la estación con la esperanza de volver a ver a su dueño. Actualmente, la estatua de Hachiko es una de las atracciones del famosísimo cruce de Shibuya. Una segunda escultura, donde el profesor se reencuentra con su mascota, se encuentra situada junto a la universidad de Tokio.






