La sociedad española valora más el vínculo afectivo con las mascotas y propicia cambios legislativos para proteger esa relación

La movilización de decenas de voluntarios para localizar a Boro, el perro perdido tras el terrible accidente ferroviario de Adamuz, refleja el cambio en la relación con las mascotas, cada vez más consideradas parte esencial del hogar. “Es familia”, explicaba emocionada Ana García, una de las supervivientes, que viajaba en el tren junto a su hermana, aún ingresada en la UCI, cuando pedía ayuda para buscar a Boro. Finalmente, el jueves agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil lograron capturarlo y devolverlo a los suyos. “Gordo, ya nos vamos a casa”, le decía su dueña al reencontrarse con él.

Incluso Óscar Puente, ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, retuiteó el rescate del can. Recordando en primer lugar que las personas son lo más importante, indicó que: “Es una buena noticia que esa familia recupere al que seguro que es uno de sus miembros”.

Alba Verdugo, psicóloga clínica, explica que la principal diferencia respecto a hace años en la relación con estos animales está en la manera de entender los vínculos afectivos. “Han dejado de circunscribirse al ámbito de persona a persona. Ahora la conexión es mucho más emocional y se basa en la relación que existe, en lo que estos animales significan para nosotros”, comenta. Se trata de un nexo que, “desde un punto de vista racional y lógico, puede ser incomprendido por quienes no tienen perro o gato, o no han tenido contacto con otros animales”, precisa.