Como si el Mundial de Clubes fuese una gran exposición universal, River Plate y Boca Juniors llevan a Estados Unidos un modelo de gestión ya poco visto en el resto del planeta pero aún vigente —y resistente— en el fútbol argentino y otras ligas de Sudamérica. Los dos gigantes de Buenos Aires, como el resto de los clubes de su país, son asociaciones civiles sin fines de lucro en abierto rechazo a las Sociedades Anónimas Deportivas, todavía prohibidas en el territorio de Diego Maradona y Lionel Messi. Brasil, la nación que aportará más equipos al nuevo invento de la FIFA, se abrió a las SAD en 2021, pero la apertura no termina de despegar.

Flamengo, Palmeiras y Fluminense, tres de los cuatro participantes en Estados Unidos, siguen siendo clubes en mano de sus socios que —con mayor o menor participación— concurren a elegir presidente. Solo Botafogo pasó a ser parte de una multinacional y, aunque lo celebró con la última Copa Libertadores, sus hinchas ahora apuntan a los dueños por la desinversión que hicieron tras el triunfo. Una parte de Sudamérica también espera el Mundial como un duelo de tiempos y modelos: clubes centenarios en propiedad de sus socios contra sociedades anónimas dirigidas desde Medio Oriente o Estados Unidos.