Sesenta minutos pudo resistir y porfiar River Plate al Inter de Milán. Una hora en la que tiró del orgullo y de la abrumadora presencia de sus hinchas para evitar que el Argentina se quedara sin representantes en este Mundial de Clubes en el que los equipos brasileños son los que están marcando el paso del fútbol sudamericano. Cayó primero Boca Junior tras su inesperado resbalón con el amateur Auckland (1-1) y al día siguiente River. El duopolio argentino ha peleado la clasificación para octavos, pero se ha quedado en la orilla con la sensación de que les urge reinventarse para subirse al mismo vagón competitivo y económico de los brasileños. Ambos clubes dejan como legado que sus respectivas aficiones han defendido su grandeza y la han transmitido en Los Ángeles, Miami o Seattle.

La hinchada de River apelaba en la previa del duelo a una mística amasada y representada en los 35.000 seguidores que se han desplazado a Seattle, por dos veces, y a Los Ángeles. El trayecto de los aficionados y aficionadas procedentes de Argentina, que son minoría, incluía escalas por la ausencia de vuelos directos que supera el tiempo que se emplea en cruzar el charco hasta Europa. Miles de hinchas en son paz que en la noche previa pululaban por Seattle y ocupaban pubs y restaurantes de la Primera Avenida. Tienen los clubes argentinos el mercado a explotar más cerca que Europa, una ventaja para exportar sentimiento e identidad, que es una buena semilla para crear caladeros .Eso han hecho las hinchadas de River en la costa Oeste y la de Boca en la Este. Fanáticos que cuando se cruzaban en los semáforos, algunos arrastrando maletas, y sin conocerse, montaban tertulias improvisadas. Puede que ya no queden equipos argentinos en el campeonato, pero en la grada han ganado por goleada. La camiseta con la banda era la tarjeta de presentación. Suficiente. Las conversaciones iban desde si debía jugar Borja o si Marcelo Gallardo se atrevería con Kranevitter. Uno cuestionado como goleador tras su mano a mano fallido ante Tigres. El otro que, pese a ser el un cinco natural para reemplazar a Enzo Pérez, no ha terminado de cocer en el mediocentro que prometía cuando lo reclutó Simeone para el Atlético en 2015. Fue con los dos Gallardo, obligado a armar un mediocampo de circunstancias porque también le faltaban por sanción Castaño y Galoppo. Aliendro y Meza fueron los otros dos volantes que escogió el preparador argentino para medirlos con Barella, Mkhitaryan y Asllani.