De lo que no pueden presumir ni el nuevo Santiago Bernabéu (Real Madrid) ni el mítico Stamford Bridge (Chelsea), tampoco el imponente Allianz Arena (Bayern Múnich), lo tiene el Más Monumental (River Plate). El club de Buenos Aires tiene el estadio con más capacidad de los equipos que participan en el Mundial de Clubes: 85.018. No es casualidad que se hayan construido 85.018 butacas y no las 85.000 que estaban ideadas. Las 18 restantes se hicieron para homenajear el año en el que River conquistó la Copa Libertadores frente a Boca en Madrid. Una final que consagró a la actual gestión del club, ayer liderada por Rodolfo D’Onofrio, hoy por Jorge Pablo Brito, en el futuro seguramente por Stefano Di Carlo.

Cuando D’Onofrio tomó las riendas del club en 2013, River había dejado de ser River, olvidado de su condición de Millonario del fútbol argentino. El descenso en 2011, sumado a la mala gestión de Daniel Alberto Passarella, había dejado al club latinoamericano que más dinero ha generado en traspasos desde la campaña 1999-2000 (645 millones, sin contar los 63,2 que pagará el Real Madrid por Mastantuono) al borde del colapso económico. Pero primero D’Onofrio y después Brito, por la profesionalización del club —crearon 11 departamentos de gestión y cuentan con 900 empleados—; se digitalizó el club, apuesta que le permitió triplicar la base de socios (352.000); además de potenciar el estadio: 84.567 espectadores de media, superando, por ejemplo, al Borussia Dortmund (81.365) y al Madrid (72.692).