Los dos últimos secretarios de Organización del PSOE y un asesor común a ambos se repartieron presuntamente cientos de miles de euros en comisiones por la adjudicación de obras públicas. No hay relato político que pueda matizar la indignación que produce un escándalo de corrupción que, si bien no está sentenciado judicialmente (los implicados niegan los hechos), se retrata en una investigación policial cuyas conclusiones puede entender cualquier ciudadano. La conmoción nacional ante la información revelada esta semana deja tocada la credibilidad del Gobierno de España, y especialmente la del presidente.
Pedro Sánchez es el responsable de nombrar primero a José Luis Ábalos y después a Santos Cerdán para el puesto orgánico más poderoso del PSOE. Ambos habían sido colaboradores íntimos del presidente en su batalla por el liderazgo del partido. Ábalos fue además ministro de Transportes y durante tres años compaginó la gestión del partido, incluida la tesorería, con la adjudicación de obra pública. Sánchez nunca ha explicado por qué cesó a Ábalos en julio de 2021. Lo incluyó en las listas cuando ya había sospechas sobre él. A Cerdán lo ratificó en diciembre de 2024, con Ábalos ya imputado. Sánchez se declaró decepcionado cuando comenzaron las revelaciones sobre presunta corrupción alrededor del exministro. Ahora se declara sorprendido y triste ante las revelaciones sobre Cerdán. Una década de gestión del partido está en cuestión.







