Cuando Pedro Sánchez publicó Manual de resistencia, ya como presidente del Gobierno, hacía tres años que había asistido a lo que parecía su propio funeral político tras dimitir como secretario general de los socialistas y renunciar a su acta de diputado después de que el comité federal decidiese facilitar la investidura de Mariano Rajoy, entonces líder del PP. El libro en el que a principios de 2019 relataba su regreso como una epopeya contiene algunas claves sobre la crisis actual del PSOE, que los dirigentes consultados consideran mucho peor que aquella. Porque cuando buena parte del partido le dio por muerto y él mismo dudó si debía seguir, un pequeño grupo le animó a conquistar a las bases y enfrentarse al aparato en unas primarias, y en ese grupo estaban los tres vértices del triángulo que ha corroído a la formación que hoy lidera: Santos Cerdán, José Luis Ábalos y Koldo García.
“En aquellos tiempos”, escribe Sánchez, “hay varias personas que van fortaleciendo sus vínculos conmigo. Ábalos, Santos Cerdán… Vamos creando una complicidad muy especial (...) Ábalos me defendía pese a que hasta entonces apenas habíamos tratado (...) Es muy probable que muchos pensaran que dónde iban estos locos (...) Su esfuerzo me conmovía...“. Hay incluso una alusión a Koldo García, cuando habla de la recogida de avales para presentarse: ”Los fuimos almacenando en la oficina de Marqués de Riscal, no sin cierto temor a algún incidente. El día de la entrega era el 4 de mayo. Las dos noches anteriores, Koldo, un miembro de la candidatura, se quedó a dormir en la oficina para custodiarlos. Como anécdota, valga contar que una vecina del edificio le ofreció su baño para que se duchara porque él no quería dejarlos sin vigilar ni un solo momento”. Fue Cerdán quien trajo a Madrid a García. “Tenían miedo a que les robaran los avales”, recuerda una persona de su equipo, “pero no dinero para contratar seguridad. Entonces Santos dijo que conocía a alguien en Navarra que seguro que se prestaba”. Y se prestó.








