“En este bar está bueno hasta el cocinero”, comenta Isabel Torrecillas, esposa del chef Samuel Ruiz, que trabaja junto a él en el Café Bar Verónicas, en el centro de la ciudad de Murcia. La broma —hay que reconocerlo— es bastante tabernaria, y quizá habría estado fuera de lugar en la sala de un restaurante de postín. Pero estamos en un bar, uno de esos espacios informales donde la gente come, se divierte y dice alguna barbaridad. Además, con el ritmo trepidante que cada trabajador del Verónicas despliega durante el servicio, cualquier broma es un empujón que ayuda a mantener el buen humor y la concentración hasta el cierre.

El Café Bar Verónicas (Plaza San Julián, 13, Murcia) está situado junto al mercado del mismo nombre, un edificio modernista con más de doscientos puestos en su interior, que constituye la principal plaza de abastos de esta ciudad de tradición huertana. Así que el Verónicas da servicio a los vecinos de un barrio con solera (a pocos metros existen restos arqueológicos del s. XII), a los trabajadores del mercado (es fácil verlos almorzando sobre los taburetes mientras descansan de sus propios trasiegos) y, claro, a todo el que desde hace tres años y medio quiere disfrutar de la cocina de Samuel Ruiz, un chef que comenzó su carrera con diecinueve años en elBulli.