El orden geopolítico se resquebraja a ritmos vertiginosos y el Gobierno ha pisado el acelerador, en vísperas de la cumbre de la OTAN de fin de mes, para demostrar que está comprometido con el fortalecimiento del músculo militar que reclaman algunos aliados. El Ejecutivo central ha autorizado ampliaciones del presupuesto ligado a defensa en al menos 7.000 millones de euros en lo que va de 2025, a través de acuerdos alcanzados en el Consejo de Ministros para transferir créditos y emplear el colchón de recursos destinados a las emergencias. La maniobra permite al Gobierno elevar los compromisos vinculados al gasto militar sin rendir cuentas en el Parlamento.

La cifra cobra más sentido si se pone en contexto. Representa un incremento del 50% sobre la partida inicial de los presupuestos prorrogados del ministerio para este curso. Si se considera la inversión total en defensa y seguridad, que incluye partidas asignadas otros ministerios, el alza es igualmente considerable, del 30%, sin contar con los planes de inversión que están sobre la mesa y las autorizaciones para ampliar el gasto militar en el futuro.

Estas modificaciones presupuestarias se extraen de la revisión pormenorizada que este periódico ha realizado de todas las referencias de los consejos de ministros celebrados desde principios de año. La primera ampliación de crédito del año se remonta al 11 de febrero: Hacienda concedió un suplemento de 57,4 millones al Instituto Social de las Fuerzas Armadas. A finales del mismo mes, se autorizó otra ampliación de 567 millones para financiar operaciones en el exterior. En ese caso, el Ejecutivo tiró del Fondo de Contingencia, una especie de bolsa de recursos para hacer frente a emergencias.