Si el flan está entre tus postres favoritos, y en general, aquellos que son a base de leche y huevos, te gustará el far breton. Valga la redundancia, podríamos decir que es un flan que quiso ser tarta: es más compacto, lleva harina, se hornea y los bordes quedan dorados y más secos. Habitualmente se le añaden ciruelas pasas previamente hidratadas en ron, armagnac u otro tipo de licores, aunque también existen versiones con manzana, con uvas pasas o sin frutas.
El far breton es típico de la región francesa de Bretaña y se cree que su origen se remonta al siglo XIX. En aquel entonces la receta se podía preparar con harina de trigo sarraceno o de trigo común, pero hoy en día –por suerte– es más habitual prepararlo con esta última. Como todo clásico que se precie, no existe una única manera de prepararlo. Hay quienes incluyen el licor que se ha utilizado para hidratar las ciruelas en la masa; yo he preferido obviarlo, pero si te gusta esa intensidad de sabor y es apto para todos tus comensales, puedes hacerlo.
Puedes comerlo templado o frío, como postre o como merienda. Es ideal para servir –o llevar– en una comida o cena con varios invitados ya que se prepara en una bandeja y se pueden cortar varias raciones. Además, puedes prepararlo el día anterior y quedará perfecto.






