El Madrid fundió al Unicaja en el primer encuentro de las semifinales, al mejor de cinco partidos, con las mismas armas con las que el conjunto de Málaga le desarmó en las finales de la Supercopa y de la Copa esta temporada: un baloncesto enérgico y voraz, ni un segundo de respiro y más hambre en cada jugada. Puede que porque el equipo de Chus Mateo persiga esta Liga como su última opción de levantar un título este curso, y puede también que porque el grupo de Ibon Navarro tiene el depósito lleno después de cuatro coronas. El caso es que no hubo debate en este primer asalto. Musa lideró con 23 puntos (seis triples) un triunfo sin discusión.

Un huracán barrió al Unicaja desde el perímetro en el arranque. El baile lo comenzó el equipo verde mediante Tillie, pero la reacción blanca fue furibunda. Nueve triples enganchó en el cuarto inicial, cuatro sin fallo de Musa, para sumar así 27 de los 29 puntos locales. El Unicaja tapaba a Tavares por dentro pero dejaba espacios por fuera que los tiradores blancos exprimieron con un acierto terminal. El grupo de Ibon Navarro masticaba los ataques más de lo que acostumbra, huérfano de esas transiciones vertiginosas que ha convertido en su sello, frenado esta vez por una defensa bien anclada. Tavares cerró la zona con un par de tapones y del 8-8 se pasó al 29-14 al ritmo de la dinamita exterior del Madrid.