Sin pívot no se va a ninguna parte y con Fall y Willy Hernangómez el Barça no ha sumado uno en todo el año. El envite contra el Unicaja fue el ejemplo de la deficiencia, subrayada al final por Tyson Pérez, que pasó de mortal a deidad. Un desmadre en versión azulgrana que derivó, ya en la prórroga, en la eliminación de los playoffs y la constatación de que suma su segundo curso en blanco; también en el pase del Unicaja a las semifinales ligueras, ahora contra el Real Madrid.

Resulta que al duelo le quedaba poco menos de un suspiro, o poco más de un minuto, y el Barcelona se regodeaba en el éxito, en una actuación sublime de Punter que parecía definitiva (77-84). Solo lo parecía porque el Unicaja, alimentado por su afición y dirigido por Perry, encontró al mejor Tyson Pérez, que encadenó un triple con un robo sobre Punter, también un mate (82-84). El Barça, que lo vio hecho, se hundió como suele, falto de personalidad, confianza y baloncesto. Escogió mal la siguiente jugada (tiro forzado de Abrines) y Perry empató para que Punter, en la última acción, tampoco viera la canasta. La bofetada fue tan grande que el Barça tardó dos minutos en anotar en la prórroga. Aunque cuando lo hizo, volvió a creer, de nuevo Punter con dos 3+1, festín sin igual. El problema, claro, estaba bajo el aro.