Entre silbidos y una tímida pañolada, el Barça malogró su renta y la posibilidad de dejar en la cuneta al Unicaja después de cuajar un partido calamitoso, de esos en los que se olvidó que el baloncesto es un deporte de equipo y bidireccional, pues no solo se ataca sino que también se defiende. Un tropiezo enorme, por la actitud y propuesta, que alimenta la fe del Unicaja, feliz por jugarse el pase en el tercer y definitivo envite en Málaga, al tiempo que deshilacha la vaporosa confianza de un Barça que vuelve a estar en la cornisa, con la amenaza de acabar en blanco por segundo año consecutivo.

El postureo de los jugadores a la hora de pisar el parquet es digno de estudio, todos entregados a un ejercicio fantasioso de choque de manos y palmeos, ritual tan extendido como estéril, muy a lo NBA. Ocurre, sin embargo, que el baloncesto del Barça también tiene acento americano, pues cuenta con Punter y Parker, dos jugadores sin corsé, dos tiradores. El día que están acertados pueden batir al más pintado, toda vez que les cae la calidad de los bolsillos; pero la noche que están desafinados son una rémora para el Barça, que debe redoblar el ejercicio defensivo y triplicar el tino del resto de intentonas a canasta. No suele funcionar y así se vio de inicio ante el Unicaja.