Los azulgranas caen con estrépito ante un rival directo (79-93) en una noche negada para el Madrid y feliz para el Valencia

El Barça de Xavi Pascual dejó de ser el Barça de Xavi Pascual en un momento muy delicado, toda vez que perdió su hambre competitiva ante un Panathinaikos que era rival directo y que le desgajó sin remisión. Paliza de sonrojo que deja a los azulgranas en tierra de nadie, entre playoff y play-in, o algo peor, ya con solo dos encuentros por disputar de la Euroliga.

Satoransky se atusaba el bigote, Laprovittola perdía la mirada y Juan Núñez arqueaba las cejas, los tres sentados al lado del banquillo, vestidos de calle, lesionados. Se le acumulan los bases en la rebotica al Barça, que frente al todopoderoso Panathinaikos debió tirar del único que resiste en pie, un Juani Marcos que cursa su primer año en la élite, suplente de suplente. Y aunque defensivamente imprimió su habitual intensidad, se encasquilló en el tiro. Brizuela, un dos de manual, asumió por momentos la función de ordenar al equipo y repartir caramelos, pero no se salió con la suya. Un guirigay.

De una pérdida de Brizuela, precisamente, llegó el robo y mate de Juancho Hernangómez, que ponía brillantina al baloncesto de Osman, que juega tan bien con su cuerpo como con la pelota. Eso y las deficiencias del Barça bajo el poste, incapaz de frenar a los pívots corpulentos y de echar el lazo a esos bajitos locos que entran a canasta como Pedro por su casa, dieron con un desaguisado que Cale y Norris maquillaron con tres triples, un sprint para resurgir (23-27). Duró poco.