Como ocurrió anteriormente con otras tecnologías de uso general, como internet o el ferrocarril, la Inteligencia Artificial transformará la trayectoria de progreso de nuestras sociedades.
En el ámbito privado, las grandes empresas están invirtiendo en IA masivamente. Según un informe de Goldman Sachs, la inversión corporativa en IA desde 2020 se acerca al billón de dólares y más del 90% de las compañías del Fortune 500 ya usan modelos de lenguaje en sus procesos cotidianos.
Sin embargo, el ritmo de adopción de la IA en los gobiernos es mucho más lento. Es natural que el sesgo apunte hacia la cautela, porque existen riesgos. Pero sería un enorme error desaprovechar las oportunidades que ofrece la IA para el sector público.
Muchas de las tareas que realizan las administraciones —repetitivas, estructuradas, basadas en lenguaje— son idóneas para ser automatizadas con modelos de lenguaje. Resulta difícil encontrar áreas del sector público que no puedan beneficiarse enormemente de la IA.
Imaginen un ayuntamiento pequeño que necesita hacer una licitación nueva de recogida de basuras. Sin IA el proceso de elaboración de cualquier licitación o subvención pública como esta puede alargarse semanas o meses. Hoy, los modelos de IA generativa, adecuadamente entrenados, pueden hacer un borrador muy decente en pocos minutos, ahorrando miles de horas de trabajo a los funcionarios.






