En Ciudadano Burns, cuarto episodio de la quinta temporada de Los Simpson, el Señor Burns, un anciano millonario, busca desesperadamente a Bobo, el osito de peluche con el que jugaba de niño. Este capítulo, como la película en la que se basa (Ciudadano Kane de Orson Welles), ilustra una idea que ha recorrido toda la literatura, la filosofía y el cine del siglo XX: a medida que envejecemos nos obsesionamos con revivir las ilusiones de nuestra infancia. Y muchas veces buscamos esas emociones tan puras en los objetos con los que jugábamos entonces, convertidos en talismanes. Lo escribió Walter Benjamin en 1928: “Cada hombre tiene una imagen por la que renunciaría al mundo, ¿cuántos no la buscarían en una vieja caja de juguetes?”. Casi cien años después, cuando varias generaciones de adultos hemos crecido frente a una videoconsola, muchos buscamos esa imagen mágica en un circuito de Mario Kart.
El pasado jueves salió al mercado la Nintendo Switch 2 (acompañada por juegos como Mario Kart World). Como se aprecia en las imágenes, las colas frente a las tiendas de videojuegos estaban formadas por adultos y también son adultos quienes durante meses han discutido en foros especializados sobre a qué hora exacta llegaría la consola a sus casas. Aunque todavía hay quien dice “yo ya no tengo edad de jugar”, los datos demuestran que el público adulto es el que mayoritariamente juega a videojuegos. Incluso, para plataformas que suelen ser asociadas con títulos infantiles, como la primera Nintendo Switch, sabemos que más de la mitad de sus usuarios superan los 25 años.







