‘Donkey Kong Bananza’ se convierte en el mejor juego de Switch 2 y en una obra mayor dentro de las aventuras de plataformas

Hay que entenderlo: salen demasiados juegos, son demasiado largos, requieren demasiadas horas de gozo interactivo como para estar al tanto de absolutamente todo lo que llega al mercado. A veces los agujeros se solventan años después y, a veces, pocos días después, como es el caso, porque en la reciente lista de los mejores juegos del año resulta que faltaba un juego que debería haber escalado (nunca mejor dicho) hasta los primeros puestos. ...

A veces pasa, ya decimos, y es sano entonar el mea culpa porque, si bien los juegos de Nintendo que salían en la lista (Metroid Prime 4 y Mario Kart World) merecen estar entre lo mejor del año por méritos propios, lo cierto es que el mejor juego de la gran N del año (y, por ende, el mejor juego de este primer año de la nueva Switch 2) es sin duda alguna Donkey Kong Bananza, un juego al que quien esto firma ha jugado estas Navidades y que se ha ganado para siempre un puesto entre los grandes plataformas de la historia.

La celebración no es solo jugable, sino también historicista, porque el juego trae de vuelta al mejor Kong después de décadas sin terminar de encontrar su sitio. Aparecido en el ya lejano 1999, Donkey Kong 64 resultó un juegazo solidísimo, que expandía con giros mecánicos, más acción y un estimulante cambio de personajes el patio de juegos en tres dimensiones que había inaugurado Mario 64 tres años antes. Pero, adjudicadas las aventuras tridimensionales a Mario y Link, la saga del mono comenzó un periplo de experimentación en la segunda división de Nintendo que le llevó a jugar con las posibilidades motrices (y musicales) de las que Nintendo siempre ha hecho gala en Donkey Konga (2003) o a volver a las dos dimensiones con Donkey Kong Country Returns (2010) y Donkey Kong Country: Tropical Freeze (2015). Ninguna de las aventuras del simio había cristalizado en un juego mayor comparable al de su aventura de 1999. Hasta ahora.