En los últimos dos meses, los inversores han encontrado una nueva estrategia bursátil, basada en una regla sencilla: TACO, o “Trump siempre se acobarda” (en inglés, Trump Always Chickens Out). El presidente estadounidense amenaza con imponer enormes aranceles a amigos o enemigos por igual, o con destituir al presidente de la Reserva Federal, y luego termina echándose atrás cuando el látigo del mercado impone su disciplina implacable. A continuación insiste con los aranceles, solo para echarse atrás otra vez.

La pauta trasciende la economía. De hecho, es el rasgo saliente de la presidencia de Donald Trump. Pero Trump no es un simple cobarde. Es un “hombre fuerte” débil; y tal vez los adversarios de Estados Unidos lo entiendan mejor que la mayoría de los estadounidenses.

Muchos estadounidenses temen a Trump, y por consiguiente imaginan que otros también deberían hacerlo. Pero fuera de los Estados Unidos, nadie teme a Trump en sí. Los amigos de Estados Unidos temen a un pirómano que destruye lo que otros han creado. Y los enemigos de Estados Unidos celebran la destrucción generada por Trump y por el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) de Elon Musk. Tras la reciente renuncia de Musk, Alexander Dugin (principal ideólogo del Kremlin) lamentó su partida: “el DOGE hizo un gran favor al mundo entero liquidando la USAID [la agencia de cooperación internacional de EE UU] y los departamentos de Salud y Educación”.