Apenas quedan científicos serios fuera del consenso de que se está desarrollando de modo acelerado, ante nuestros ojos, una emergencia climática. El negacionismo es ahora económico: el conjunto de intereses que tratan de impedir que los efectos del cambio climático se integren en la política económica de los presupuestos de Estados y empresas, y consideren los costes. Un informe conjunto de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), cuyas conclusiones se han adelantado, indica que adoptar medidas energéticas para enfrentar la crisis climática aumenta el crecimiento económico en vez de dañar las finanzas, y que el colapso climático es una receta para la recesión permanente.
La filósofa y divulgadora alemana Carolin Emcke afirmó en una conferencia en Wuppertal (Renania del Norte-Westfalia) que el cambio climático no son monstruos ficticios ni imaginarios, sino que se trata de catástrofes reales, brutales y multifocales: sequías, incendios, inundaciones, tsunamis, huracanes… Hay que abordarlo como algo que ha sido creado por la mano del hombre, describir la destrucción que genera como algo no natural, no como algo inmutable sino como un fenómeno que se ha generado, algo que tiene una autoría, responsables, porque siempre ha existido la posibilidad de actuar de modo distinto, de detener la explotación de los recursos naturales, las emisiones de gases de efecto invernadero, la contaminación de los suelos (Lo que es verdad. Sobre la violencia y el clima. Debate).






