El calentamiento global exige planificación anticipatoria, inversión sostenida y una gobernanza capaz de articular al Estado, las comunidades y los ayuntamientos en un mismo marco estratégico

Llevamos muchos años hablando de cambio climático en términos de transición energética, objetivos de descarbonización o compromisos internacionales. Sin embargo, la experiencia que estamos acumulando en nuestro propio territorio —incendios cada vez más devastadores, episodios de lluvias torrenciales con consecuencias humanas irreparables, sequías prolongadas que tensionan el sistema hídrico y productivo— nos sitúa ante una evidencia más incómoda: ya no estamos únicamente ante un desafío ambiental, sino ante un factor estructural

f="https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2025-09-06/el-cambio-climatico-y-los-fenomenos-extremos-tensan-los-precios-de-los-seguros-en-espana.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2025-09-06/el-cambio-climatico-y-los-fenomenos-extremos-tensan-los-precios-de-los-seguros-en-espana.html" data-link-track-dtm="">que condiciona la estabilidad económica, territorial y social del país.

España es especialmente vulnerable en el contexto europeo. La cuenca mediterránea se calienta a un ritmo superior a la media global; nuestras precipitaciones disminuyen en términos agregados, pero aumentan en intensidad cuando se producen (la atmósfera está más húmeda debido a la mayor evaporación fruto del calentamiento global y, cuando llueve, puede llover más y en menos tiempo); el nivel del mar compromete infraestructuras y actividades estratégicas en la costa. No son proyecciones lejanas, sino tendencias consolidadas que inciden directamente sobre la agricultura, el turismo, la salud pública o la planificación urbana y territorial.