Que el mercado inmobiliario sufra una escasez crónica de oferta es una realidad cada vez más palpable. Y pese a ello es probable que los precios empiecen a moderarse en un horizonte no muy lejano, o a registrar caídas, incluso si el déficit habitacional persistiera como parece probable. Estamos por tanto en plena burbuja, no de crédito sino de expectativas, y p...

or tanto distinta a la que desató la crisis del ladrillo.

Esta previsión de moderación de los precios puede parecer sorprendente habida cuenta de la situación de déficit habitacional —algo que en principio genera inflación, tal y como ha ocurrido hasta ahora—. Pero la contradicción no es tal, si se tiene en cuenta las especificidades del mercado residencial.

Los bienes inmobiliarios son activos que, contrariamente a los bienes “normales” que se consumen prácticamente en el momento de su adquisición, se pueden revalorizar en el tiempo. El resultado es que la decisión de comprar una vivienda no depende solo de los “fundamentales” del mercado —la relación entre el precio y los ingresos de los hogares, tipos de interés y otros factores subyacentes—: también influye la expectativa de realizar una plusvalía como consecuencia de la subida continuada de los precios.