El equipo de Sensacultivo junto a uno de los sensores instalados en un invernadero. ALEJANDRO RUESGA
Los agricultores onubenses llevan décadas utilizando una sencilla práctica para conocer el estado de los cultivos de frutos rojos como las fresas o los arándanos, los más extendidos al oeste de una comunidad dominada por los olivares. Este método tradicional –aparte de meter el dedo en la tierra para calcular la humedad- consiste en palpar el lomo de la planta, esto es, la parte superior del tallo principal del que salen las hojas más jóvenes. De esta manera, casi inductiva, cualquier trabajador del campo puede determinar si los frutales necesitan mayor o menor cantidad de agua o nitrato, sustentos fundamentales para el crecimiento vegetal.
Una técnica que entraña un pequeño inconveniente: a veces, el ojo humano, por experimentado que esté, puede fallar. Ese margen de error es el que intenta eliminar la tecnología desarrollada por la startup Sensacultivo.
Esta compañía ha perfeccionado una herramienta de monitorización de cultivos de distintos tipos –aunque en Huelva se aplica especialmente en los de invernadero- a través de unos sensores instalados en la tierra que miden parámetros del suelo como la humedad, la temperatura, el efecto del clima y del ambiente. Esa información les llega a los agricultores a través de una aplicación para móvil con recomendaciones “fáciles de interpretar y que les sirven para aplicar el riego adecuado en cada momento”, detalla Daniel Márquez, ingeniero industrial y fundador de Sensacultivo.






