Argentina demuestra, cada cuatro años, una pasión, una entrega y una movilización colectiva que no logran trasladarse a lo que define su futuro. Es la orfandad de creencias, de no encontrar esperanza posible fuera de una cancha. Mientras el país entero se juega la ilusión en la final del Mundial 2026, esa misma pasión no encuentra cancha en las otras batallas que también estamos jugando. Once tipos corriendo atrás de una pelota, así de simple e inmenso. Pero por este lado del mundo cada jugada está cargada de historia. Se les ve en la cara las ganas de darlo todo por sus familias, por los argentinos que la están pasando mal. Juega la movilidad social hecha gambeta, la promesa de salir adelante con el cuerpo sobre el barro. Afuera, una sociedad entera se abroquela bajo la misma bandera, unida por las mismas canciones. Argentina, parada en el extremo sur del mundo, vuelve a jugarse una hazaña en la final del Mundial 2026 contra España. Este domingo es, una vez más, la presencia del Sur frente a todos los del Norte.

La selección argentina tuvo otra actuación épica para dejar en el camino nada menos que Inglaterra. Y se viene la final frente a España

Insaciable en sus deseos competitivos, la selección argentina no deja de maravillar: el domingo Messi jugará su último partido en Copas del Mundo