En las dos últimas décadas, la economía catalana ha encadenado una sucesión ininterrumpida de desafíos. Desde el crack del ladrillo hasta la pandemia del Covid, pasando por la tensión sostenida del procés, las empresas y las instituciones han sorteado todo tipo de crisis. Pero estos 20 años también han demostrado la resiliencia de un tejido productivo que ha logrado mantener su liderazgo en el conjunto de España. En este tiempo, la economía catalana se ha vuelto más exportadora y más innovadora. Son buenos mimbres para encarar un (deseado) cambio de modelo hacia nuevos sectores productivos y un mercado de trabajo más cualificado.

El avance del PIB catalán se sostiene en el incremento de la productividad y la ocupación, según la Cambra

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