Muchas personas acaban entrando en una dinámica bastante habitual: café para arrancar, bajón a media mañana, otro café después y no dormir por las noches.

Una revisión de estudios científicos sugiere tomar la última taza al menos 9 horas antes de acostarse, una ventana mucho más amplia que la recomendación habitual

Estudios cronobiológicos determinan la hora límite para consumir estimulantes sin alterar el descanso nocturno