Uno de los aciertos de la cuenta pública del Presidente Kast fue la decisión de no insistir en las críticas explícitas a la administración anterior. Esto parece funcional de cara a la coyuntura más inmediata —el gobierno necesita conseguir votos en el Congreso para la mega reforma y otros proyectos de ley—, y resulta consistente con el tono propio de un jefe de Estado; un atributo que Kast ya había esbozado en la noche del triunfo en diciembre y que debería reforzar. Pero quizá lo más relevante va por otro lado: esa decisión también favoreció la apuesta de resignificar el concepto de emergencia, el principal movimiento narrativo del mensaje presidencial.

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