Dos horas y 24 minutos duró la primera cuenta pública del Presidente José Antonio Kast. Mucho más de lo que anticipaban los cálculos previos y también más de lo que el propio gobierno había dejado entrever durante las semanas de preparación del mensaje.Desde temprano, en La Moneda transmitían que el Mandatario buscaría un discurso acotado, concentrado en mostrar avances de los primeros meses de gestión y en delinear los principales anuncios para el período que viene. Sin embargo, una vez instalado en el salón plenario del Congreso Nacional, en Valparaíso, Kast optó por algo distinto: un mensaje largo, con fuerte carga programática y destinado a explicar lo que pretende hacer su administración y desde qué principios busca hacerlo.Durante la alocución, se observó una versión mucho más doctrinaria del Presidente. Si bien el tono estuvo lejos de la confrontación abierta o de los ataques directos a sus adversarios políticos, el contenido constituyó una reivindicación explícita de ideas tradicionalmente asociadas a la derecha, como la prioridad de la seguridad y el orden público, la promoción del crecimiento económico, la reducción de trabas para la inversión, el valor del mérito individual y la defensa de la familia.El propio Mandatario ordenó su relato en torno a tres grandes objetivos de gobierno: recuperar el orden y fortalecer la seguridad; avanzar en la reconstrucción del país y de las instituciones y reactivar la economía para generar empleo. Pero más allá de esos ejes, Kast dedicó parte importante de su intervención a explicar las convicciones que, a su juicio, orientan la acción gubernamental.Así, sostuvo que la libertad es condición para el progreso de las sociedades (“Sin orden, no hay libertad”, aseguró) , defendió la libre iniciativa de las personas y planteó que el crecimiento económico sigue siendo la herramienta más efectiva para superar la pobreza. Junto con ello, reivindicó el esfuerzo y el mérito como motores del desarrollo y reservó un espacio especialmente significativo para destacar el papel de la familia.Esa descripción más “identitaria” de sus principios convivió, sin embargo, con una característica que llamó la atención tanto dentro como fuera del oficialismo: la escasa confrontación con el expresidente Gabriel Boric.Dedvi Missene A diferencia de lo que algunos sectores de la derecha esperaban, Kast evitó convertir la cuenta pública en un ajuste de cuentas con la administración anterior. Hubo referencias a problemas heredados, críticas a determinadas políticas y menciones a iniciativas que, según el gobierno, quedaron inconclusas o fueron insuficientemente abordadas. Pero los cuestionamientos estuvieron lejos de ser el centro del mensaje.Incluso cuando abordó materias sensibles para su sector, como la situación fiscal, el desempleo o la seguridad pública, el Mandatario optó por enfatizar el diagnóstico y las soluciones propuestas por su administración antes que profundizar en la responsabilidad política de quienes lo precedieron. “Chile necesita restablecer la confianza para volver a creer y así atrevernos a soñar con un futuro prometedor”, enfatizó.En Palacio recalcan que siempre se pensó en una cuenta pública enfocada en sus medidas y no sobre el exmandatario. Esto, con el objetivo de no desviar la atención y que el foco estuviera en las iniciativas y no la confrontación política. Por lo mismo, en los días previos a su alocución, el énfasis estuvo en el gobierno anterior. Asimismo, hizo un mea culpa con uno de los primeros episodios de tensión bajo su gestión: el alza de los combustibles. “Quiero detenerme aquí ahora para hablar de un tema que fue, y es complejo, como fue el alza en el precio de los combustibles. Sé que golpeó fuerte, sí, golpeó fuerte, y no lo minimizo, y no lo voy a minimizar”, señaló.“Reconozco que no siempre hemos logrado explicar a tiempo, ni con la cercanía que se requería, las decisiones que tuvimos que tomar (...). En otros países quizás esto habría generado un estallido y por eso agradezco tanto la responsabilidad con la cual nuestros compatriotas, más allá de las diferencias políticas que podemos tener, asumieron esta situación grave”, puntualizó.El contraste con las expectativas de parte de la derecha fue evidente. Algunos dirigentes y referentes esperaban una intervención más dura contra la izquierda y una crítica más frontal al ciclo político encabezado por Boric. Esa evaluación quedó reflejada en las palabras del líder del Partido Nacional Libertario y excandidato presidencial, Johannes Kaiser, quien comentó tras el discurso que él habría preferido “una cazuela con más carne” y sostuvo que el Mandatario terminó “salvándole el pellejo” a la izquierda.Esa lógica quedó especialmente reflejada cuando abordó una de las ideas fuerza que ha acompañado a su administración desde el inicio: la tesis del “gobierno de emergencia”.Dedvi Missene Durante la campaña y en las primeras semanas de mandato, el actual oficialismo insistió en que Chile atravesaba una situación excepcional en materias como seguridad, migración, crecimiento económico y funcionamiento del Estado.Sobre migración refrendó su compromiso de campaña y que continuará con la expulsión de inmigrantes irregulares. En esa línea, anunció que en los próximos días se informarán los detalles del denominado “Plan retorno”. En la cuenta pública, el Presidente retomó ese diagnóstico, pero buscó dotarlo de una dimensión distinta. “Cuando asumimos, dijimos que Chile vivía una emergencia. Pero la emergencia no es el lugar donde Chile se queda. La emergencia es el lugar desde donde Chile se levanta”, afirmó.La frase resumió parte importante del nuevo relato que busca terminar con el período de instalación. Si los primeros meses estuvieron marcados por la urgencia, el mensaje ante el Congreso buscó mostrar el tránsito hacia una nueva etapa.En ese mismo marco se inscribió uno de los guiños políticos más explícitos de la jornada hacia Chile Vamos. Al abordar la necesidad de impulsar el empleo, Kast citó directamente al fallecido expresidente Sebastián Piñera.“Como señalé, y el Presidente Piñera lo dijo: no hay mejor política social que el pleno empleo”, sostuvo el Mandatario, ganándose los aplausos de varios.La referencia fue leída en el oficialismo como una señal hacia los partidos de la coalición y también como un intento por conectar su proyecto con una tradición más amplia de la centroderecha chilena.Junto con el componente ideológico y político, el discurso también incluyó una extensa batería de anuncios. En seguridad, el gobierno comprometió una nueva agenda legislativa para fortalecer las atribuciones policiales, ampliar el plazo de flagrancia, endurecer penas asociadas al crimen organizado y mejorar las condiciones de Carabineros. También anunció la creación de siete fuerzas de tarea especializadas para enfrentar amenazas como los secuestros, los mercados ilícitos, el ciberdelito y las finanzas criminales.En materia económica, Kast volvió a poner el acento en la denominada megarreforma, actualmente en tramitación en el Senado, presentándola como la principal herramienta para enfrentar el bajo crecimiento, el desempleo y el deterioro fiscal que, según el Ejecutivo, recibió como herencia.La modernización del Estado ocupó igualmente un espacio relevante. Entre las medidas destacaron el anuncio de una futura fusión entre los ministerios del Interior y Secretaría General de Gobierno, la convocatoria a una comisión de expertos para rediseñar la estructura ministerial y plantear -si así lo estiman- otras fusiones.A ello se sumaron iniciativas en áreas sociales, entre ellas las indicaciones al proyecto de sala cuna para avanzar hacia un sistema universal, medidas destinadas a reducir listas de espera en salud, cambios al Sistema de Admisión Escolar (SAE) y nuevos programas habitacionales.Al cierre de esta edición, el Presidente Kast permanecía reunido en el Palacio Presidencial de Cerro Castillo con los principales dirigentes oficialistas. Ahí, el titular de Seguridad, Martín Arrau, entregaba los detalles del plan de seguridad.