Es evidente que cuando aún no transcurren tres meses de gobierno, la primera Cuenta Pública del Presidente José Antonio Kast necesariamente tendría que poner acento en las metas y desafíos pendientes. Es lo que de hecho sucedió, permitiendo que el Mandatario volviera a refrescar -en un extenso discurso- los aspectos centrales del programa de gobierno, recordando que siguen presentes las emergencias en materia de seguridad, en empleo, crecimiento y las cuentas fiscales, así como en aspectos sociales, como es el caso de la caída en la natalidad. Ciertamente el Presidente Kast se encargó también de recordar una serie de lineamientos que caracterizan su ideario político, enfatizando por ejemplo el valor de la familia, el respeto a la autoridad y el orden, aunque puso especial cuidado de que sus palabras no atizaran más el ambiente político, deslizando críticas templadas al gobierno anterior y procurando mantener un tono convocante. Ciertamente la dimensión de seguridad fue donde más se explayó el Mandatario. No hubo ninguna autocrítica por el hecho de que el gobierno no fue capaz de ofrecer en estos primeros meses un plan exhaustivo y que convenciera a la ciudadanía, falencia que se espera corregir a partir de la agenda que el nuevo ministro de Seguridad expondrá ante el Congreso. El gobierno se juega mucho aquí, porque si en definitiva el plan que será desplegado no logra convencer o sigue siendo demasiado genérico, habrá perdido una oportunidad para recuperar el control de la agenda en materia de seguridad.En cuanto a lo que adelantó el Presidente, hubo anuncios que van en la línea correcta, como la intervención escalonada de 50 barrios críticos, enfatizando la idea de que el Estado vuelve a entrar con fuerza en todo el territorio. Esto sin duda es un paso importante, pero la verdadera prueba de que ya no hay zonas con capacidad de mantenerse al margen del imperio del derecho será cuando el Estado ya no requiera de operativos especiales para poder ingresar a ellas. El anuncio de incentivos económicos para los funcionarios policiales que están en labores de calle es una señal potente, y desde luego el combate a las incivilidades en que hizo hincapié el Presidente también va en sintonía con lo que espera el país. La idea de crear un Registro Nacional de Vándalos e Incivilidades en principio resulta interesante de explorar, aunque la pérdida de beneficios sociales por parte de los infractores seguramente será una propuesta que encontrará una serie de objeciones. En el plano económico el Mandatario volvió a recordar la importancia de que el Congreso apruebe el proyecto de ley sobre reconstrucción como base para la recuperación del crecimiento y el empleo, donde las cifras siguen deteriorándose. Hizo un mea culpa respecto de la forma como se comunicó la histórica alza en el precio de los combustibles –“reconozco que no siempre hemos logrado explicar a tiempo ni con la cercanía que se requería las decisiones que tuvimos que tomar”-, en tanto que en el plano fiscal enfatizó que es imperioso recuperar el orden en las finanzas públicas, donde no ocultó que probablemente habrá “días duros”. En las semanas venideras el gobierno abrirá nuevos debates en el país, como por ejemplo en los cambios en materia de tierras indígenas que anunció el Presidente, o en el proyecto de ley para fusionar las carteras de Interior y Segegob, en lo que sería el primer paso para reducir el número de ministerios y avanzar en la racionalización del aparato público, un debate largamente postergado.