0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialMuy malos deben de ser los sondeos internos que maneja el Partido Republicano sobre las elecciones de medio mandato de noviembre en Estados Unidos para que el presidente Donald Trump se sacara de la manga la semana pasada una insólita convención en Dallas para insuflar ánimos a sus votantes y a los seguidores del movimiento MAGA.Fue un cónclave con media entrada en el recinto y con una escenografía monopolizada por la figura del presidente. Su baja popularidad, de poco más del 30%, la derrota de los republicanos moderados en muchas primarias en detrimento de los aduladores trumpistas, la situación económica, la guerra de Irán y la estrechez de las mayorías republicanas en el Congreso hacen de los próximos comicios una cita con las urnas crucial.Por todo ello, Trump no dudó en lanzar ante su entusiasta auditorio una promesa tan delirante como irrealizable: dar a cada estadounidense adulto 5.000 dólares si los republicanos logran la mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado. Además de las serias dudas legales que tal medida acarrearía –sería una manera de comprar el voto–, su coste superaría el billón de dólares en un país que ya arrastra una deuda de 40 billones de dólares.Trump deja claro a los republicanos que la única estrategia electoral pasa por élTrump se dedicó en sus dos discursos a enardecer a sus bases asegurando que derrotará al “comunismo”, insistió en el bulo de que ganó las elecciones del 2020 y en el fraude electoral, y en su última obsesión por cambiar nombres abogó por que el estado de Nuevo México pase a llamarse Nueva América y que el estrecho de Ormuz sea el estrecho de Trump. Y en el colmo del delirio hizo jurar a sus seguidores que votarán en noviembre, les pidió que imaginen que él (que no se presenta) está en la papeleta y bromeó con que quien no vaya a las urnas “se va al infierno”. En otras palabras, Trump se vende a sí mismo como el único capaz de hacer ganar las elecciones a los republicanos.El aquelarre republicano fue un acto alrededor de la figura de Trump para movilizar el voto y demonizar a los demócratas. Pero ha sido precisamente la figura de Trump la que hizo que casi un centenar de candidatos republicanos decidieran no acudir a esta reunión por creer que estar junto al presidente los perjudica ante sus votantes ya que compiten en carreras muy ajustadas.Pero si en el bando republicano hay un miedo real a perder las elecciones y con ellas el control del Congreso, el Partido Demócrata las afronta inmerso en una crisis de identidad, dividido entre el giro progresista y hacia la izquierda y la vía moderada tradicional en la historia de esta formación política. Ganar estas elecciones es vital para que los demócratas recuperen la fuerza, la autoestima y la influencia política perdidas después de la debacle que supuso la retirada electoral del entonces presidente Joe Biden y su apresurada sustitución por su vicepresidenta Kamala Harris. Los demócratas aún no se han recuperado de aquella derrota, carecen de un liderazgo fuerte y unido, y las diversas almas del partido tienen concepciones y objetivos distintos de cara al futuro, más allá de coincidir en rechazar a Trump y su corrupción.Los demócratas viven una batalla interna entre el ala izquierdista y la centrista y moderadaLos candidatos de la izquierda están en ascenso y han demostrado que el impulso socialista no se limita a la alcaldía de Nueva York. Ha habido una creciente lista de izquierdistas que han logrado la nominación, lo que ha motivado la reacción del sector moderado demócrata. Estos candidatos socialistas están logrando capitalizar el desencanto hacia elestablishment . Los progresistas –que han ganado decenas de nominaciones en el actual ciclo de primarias– consideran que hay que vencer al populismo trumpista de derechas conpopulismo de izquierdas, mientras que la vía centrista interpela al votante hastiado de la polarización y llama a unir al país frente al extremismo y trabajar con los republicanos para aprobar medidas bipartidistas. Pese a estas diferencias, los demócratas saben que deben enterrar sus diferencias y articular un mensaje unido si quieren ganar las elecciones.La emergencia de estos candidatos del ala izquierdista y progresista del Partido Demócrata es un regalo para la campaña de Trump, que no duda en calificarlos a todos sin distinción noya solo de radicales o socialistas sino directamente de comunistas. El 3 de noviembre, EE.UU. renovará los 435 escaños de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado en unas elecciones que marcarán la capacidad de Trump para mantener su agenda legislativa en la segunda mitad de su mandato. El presidente ha convertido estos comicios en una batalla personal y, para ganarlos, ha elegido la fórmula más directa: que los estadounidenses imaginen que el candidato es él.
EE.UU., ante unas elecciones cruciales, por Editorial
Muy malos deben de ser los sondeos internos que maneja el Partido Republicano sobre las elecciones de medio mandato de noviembre en Estados Unidos para que el presidente Donald Trump se sacara de la manga la semana pasada una insólita convención en Dallas para insuflar ánimos a...














