La concienciación de los extraordinarios peligros de la tecnología espolea un creciente y multifacético movimiento de oposición y sabotaje contra ella

El mundo adquiere una creciente consciencia de los peligros del desarrollo de la inteligencia artificial (IA), desde el aterrador riesgo de extinción de la humanidad hasta la perspectiva de estragos en los mercados laborales, el impacto cognitivo y de salud mental, las amenazas para las democracias y la privacidad, los problemas de seguridad militar y civil, la inmensa concentración de poder y riqueza en pocas manos, entre muchos otros problemas. Abundan desde hace años las voces que alertan sobre estas amenazas, y en las últimas semanas el coro se ha intensificado sobre la base de nuevas inquietantes evidencias. De la mano de la concienciación, avanza a escala global una multiforme resistencia cívica contra una carrera tecnológica sin garantías.

Un goteo de alertas y dimisiones por parte de destacados empleados de laboratorios punteros de IA copa los focos mediáticos. Pero esta tendencia es solo una parte de un movimiento sociopolítico mucho más amplio. Ciudadanos de muchos países se movilizan para frenar el establecimiento de nuevos centros de datos; trabajadores de los sectores educativos o de la cultura hacen huelgas; hackers envenenan datos para cortocircuitar el desarrollo de modelos de IA; filántropos entregan fondos para sostener proyectos que diseñen nuevos guardarraíles de contención; diseñadores crean camisetas con colores y patrones que sabotean la capacidad de reconocimiento de sistemas visuales de la IA; padres toman acciones legales contra los daños sufridos por sus hijos menores por el uso de un chatbot… La casuística es amplia y creciente, y abarca desde el disenso hasta la resistencia e incluso el sabotaje.