La oposición a los centros de datos y el avance de la IA incide de manera directa en las campañas electorales en Occidente (Imagen Ilustrativa Infobae)La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la vida política y social ha propiciado una ola de resistencia contra la instalación de centros de datos y el uso masivo de tecnologías automatizadas, transformando el debate público en torno al control democrático sobre el desarrollo tecnológico. Este año, las elecciones en distintos países han evidenciado cómo la preocupación por la IA ha pasado de ser un asunto técnico a convertirse en tema central de campañas y decisiones de gobierno.Los votantes no solo utilizan chatbots para informarse o decidir su voto, sino que enfrentan una realidad en la que campañas, partidos y candidatos emplean inteligencia artificial para analizar perfiles del electorado, diseñar mensajes personalizados, crear anuncios y hasta producir deepfakes. En un artículo publicado en Financial Times, la historiadora Jill Lepore señala que en varias regiones del mundo, el futuro de la IA y de los centros de datos forma parte explícita de la agenda electoral.PUBLICIDADEn ese sentido, el auge de la IA y la expansión de la infraestructura tecnológica han generado un rechazo palpable entre la ciudadanía. Una encuesta en cinco países europeos muestra que tres de cada cuatro personas solo aceptaría la construcción de centros de datos si estos funcionaran con energías renovables. En Estados Unidos, una proporción similar se opone a tener centros de datos cerca de sus hogares.Este descontento social ha tenido consecuencias electorales directas. En Francia, la oposición a centros de datos ha influido en elecciones municipales, mientras que en Irlanda, la cuestión se ha incorporado al debate nacional. En estados norteamericanos como Utah, la resistencia ciudadana resultó determinante: el presidente del Senado estatal perdió su escaño tras impulsar la construcción de un centro de datos de 16.187 hectáreas junto al Gran Lago Salado, una iniciativa rechazada por más del 70% del electorado.PUBLICIDADEn Michigan, los votantes revocaron el mandato de miembros del consejo local que se negaron a prorrogar una moratoria sobre la expansión de centros de datos. En Maryland, tres comisionados republicanos que bloquearon un referéndum sobre el tema fueron reemplazados por candidatos que prometieron frenar estos proyectos. Incluso en Wisconsin, un candidato socialista democrático que prometió detener la construcción de centros de datos estuvo a punto de ganar la primaria para gobernador demócrata.Un grupo de mujeres protesta contra los centros de datos en Virginia (REUTERS/Evelyn Hockstein)La resistencia social se ha trasladado a la esfera legislativa, donde la regulación de la IA se enfrenta a la presión de las grandes tecnológicas. El año pasado, Donald Trump calificó la regulación de la inteligencia artificial como un acto de “wokeismo”, mientras que la Unión Europea aprobó en 2024 una Ley de Inteligencia Artificial destinada a restringir los riesgos “inaceptables” de la tecnología. Esta legislación prohíbe el uso de técnicas manipulativas o engañosas para distorsionar el comportamiento de las personas, aunque en mayo la UE pospuso la implementación de restricciones para usos de “alto riesgo” hasta 2027 o 2028 y concedió un periodo de gracia para el marcaje de contenidos generados por IA, en respuesta a la presión de empresas estadounidenses del sector.PUBLICIDADFrente a la ausencia de una regulación gubernamental integral —ya sea mediante decretos, leyes o fallos judiciales—, la ciudadanía ha optado por intervenir directamente a través de las urnas. En su artículo, Lepore recuerda que en las primarias de este año, varios candidatos pro-tecnología fueron derrotados por el creciente rechazo popular hacia la expansión de la IA.En el caso de Nueva York, el respaldo a una moratoria sobre centros de datos se convirtió en eje de la campaña. Aunque un candidato demócrata -Alex Bores- vinculado a la Ley de Seguridad de la IA fue derrotado tras una inversión de ocho millones de dólares por parte de multimillonarios tecnológicos; su rival —también firmante de la ley— apoyaba igualmente la suspensión de nuevos centros.PUBLICIDADVista aérea con dron del sistema de refrigeración en el techo del centro de datos de Digital Realty en Oakland, California, EEUU. 18 de julio de 2026. REUTERS/Fred GreavesAsimismo, el debate sobre la IA y los centros de datos está acompañado por una creciente desconfianza social alimentada por la proliferación de bots y campañas de desinformación. Los defensores de los centros de datos han llegado a calificar la oposición popular como un “deepfake”, mientras que el gobierno de Trump sugirió que el rechazo estadounidense a la IA sería parte de una conspiración impulsada por China mediante inteligencia artificial. Los críticos denominan a esta estrategia “data center gaslighting”, una manipulación que explota la dificultad de distinguir entre información real y falsa en el entorno digital.Según Lepore, el debate ilustra cómo las democracias liberales están siendo absorbidas por lo que denomina el “estado artificial”: un dominio en el que el espacio público ha sido sustituido por arenas digitales automatizadas y controladas por corporaciones privadas. En internet, la mayoría de los mensajes en inglés ya no provienen de humanos, sino de máquinas, y los bots —que pueden representar a gobiernos, partidos, empresas, sindicatos o incluso actores criminales— operan sin transparencia sobre sus objetivos o patrocinadores.PUBLICIDADLa investigadora sostiene que “las democracias de todos los continentes han permitido que los drones informativos reemplacen al demos”, desplazando el debate público a escenarios en los que la manipulación algorítmica mina la confianza ciudadana.J.D. Vance y Marco Rubio rechazan una regulación estricta de la IALa regulación de la inteligencia artificial se perfila como tema clave de las próximas elecciones en Estados Unidos, tanto en las legislativas de noviembre como en las presidenciales de 2028. Mientras figuras del Partido Republicano como J.D. Vance y Marco Rubio rechazan una regulación estricta, el senador de Vermont Bernie Sanders y la representante neoyorquina Alexandria Ocasio-Cortez apoyan una moratoria nacional sobre la construcción de centros de datos.PUBLICIDADPor su parte, el demócrata Ro Khanna, representante de Silicon Valley y posible candidato presidencial, ha presentado el manifiesto “IA para el Pueblo”, en el que propone un “nuevo contrato social tecnológico”. Khanna aboga por “prevenir que la IA convierta el debate público en un arma” y por regular su desarrollo “para que beneficie a la humanidad”.Las grandes tecnológicas han intentado frenar la regulación argumentando que limitaría la innovación y pondría en riesgo la seguridad nacional frente al avance de China en la carrera por el liderazgo en IA. Lepore cita el libro “The Bitter Struggle”, de los exfuncionarios Ben Buchanan y Tantum Collins, que sostiene que la supremacía tecnológica de las democracias es indispensable para evitar que regímenes autoritarios utilicen la IA para reprimir y expandirse. Sin embargo, la historiadora observa que la voluntad popular parece inclinarse hacia la restricción y no hacia la expansión de la IA.PUBLICIDADPor su parte, el debate actual sobre la regulación de la IA recuerda, según Lepore, los desafíos que planteó la llegada del automóvil a principios del siglo XX. El profesor James Willard Hurst, de la Universidad de Wisconsin, analizó en 1949 los efectos del coche en el derecho estadounidense, identificando más de un centenar de cambios legales derivados: desde impuestos y seguros hasta control ambiental y normas de circulación.Hurst argumentaba que la regulación tardía del automóvil tuvo consecuencias fatales, al centrarse más en compensar daños que en prevenirlos. Mientras la radio y la aviación fueron reguladas preventivamente desde el principio, la industria automotriz gozó de un trato laxo durante décadas, lo que constituye —según Lepore— una excepción histórica.PUBLICIDADEl análisis de Hurst, recuperado por un estudiante en 1990 y publicado posteriormente, revela que los avances tecnológicos han impactado de modo profundo en la legislación, pero que el argumento de que la regulación frena la innovación no es una verdad inmutable. En algunos casos, las normas han hecho que los productos sean no solo más seguros, sino también mejores y más accesibles.Este año habrá elecciones de medio término en EEUU y la IA jugará un papel muy relevante, como ya ocurrió en otros comicios de Occidente (REUTERS/Paul Ratje)La comparación histórica invita a reflexionar sobre el papel de los legisladores ante la presión social y el avance tecnológico. La popularidad de los automóviles no evitó que se impusieran normas estrictas para proteger a la sociedad. En contraste, el rechazo a los centros de datos y a la expansión de la IA está generando una demanda ciudadana para que los gobiernos asuman su responsabilidad y regulen el sector.En un contexto en que la desinformación y la manipulación digital amenazan la calidad del debate público, la regulación de la inteligencia artificial y la infraestructura tecnológica se perfila como uno de los grandes desafíos de las democracias actuales. La respuesta que den los gobiernos determinará no solo el desarrollo de la IA, sino también el futuro de la participación ciudadana en la era digital.