Los avances en inteligencia artificial llevan mucho tiempo aterrorizando a los expertos en tecnología. Últimamente, los votantes también están sintiendo esa angustia.
La IA es impopular en Occidente y está ganando protagonismo en la agenda política.
Las disputas más encarnizadas hasta la fecha se han producido en Estados Unidos, donde las protestas contra los centros de datos han echado por tierra proyectos por valor de casi 100.000 millones de dólares, los megadonantes enfrentados en el ámbito de la IA acaban de invertir decenas de millones en una carrera por el Congreso en Manhattan y alrededor del 40% de los votantes afirma en las encuestas que quiere que se prohíba la IA en la mayoría de los sectores.
Pero las disputas están surgiendo también en otros lugares: tras el reciente aumento de los beneficios de los fabricantes de chips, los trabajadores de Samsung en Corea del Sur amenazaron con una huelga para conseguir pagos extraordinarios.
La reacción negativa no ha hecho más que empezar, porque la tecnología tampoco ha hecho más que empezar.









