Noticias hoyLa noticia sorprendió al mundo tecnológico hace pocos días. De manera inesperada, el gobierno de Donald Trump le dio 90 minutos a Anthropic para desactivar sus modelos de IA más avanzados, Mythos y Fable 5, por considerarlos un riesgo para la seguridad nacional. Al menos esto fue lo que informaron fuentes de esa empresa desarrolladora de IA.En rigor, la orden apuntaba a impedir que ciudadanos extranjeros accedieran a las capacidades de esos modelos, que son increíbles, según afirman quienes los han probado. Pero como muchos de los mismos ingenieros de la compañía no son estadounidenses y la empresa consideró inviable aplicar ese criterio, terminó optando por desactivar los sistemas. Los “desenchufó” y listo.The US government, citing national security authorities, has issued an export control directive to suspend all access to Fable 5 and Mythos 5 by any foreign national, whether inside or outside the United States, including foreign national Anthropic employees.The net effect of…— Anthropic (@AnthropicAI) June 13, 2026

El episodio dejó una pregunta inquietante. ¿No era acaso Estados Unidos el paladín de la no regulación de la IA? ¿No era la tierra de la libertad absoluta con el fin de estimular la innovación?La discusión viene a cuento de otra polémica reciente. En una columna publicada en el Financial Times, Javier Milei defendió la necesidad de evitar regulaciones que frenen el desarrollo de la IA y propuso crear en la Argentina la figura de las “sociedades no humanas”, administradas por agentes de IA. La respuesta del historiador israelí Yuval Harari fue inmediata: advirtió sobre los riesgos de dejar una tecnología tan poderosa librada solo a las fuerzas del mercado.Lejos de contradecirse, los casos de Trump y Milei muestran que el debate sobre la regulación de la IA se está dando en planos diferentes.Una cosa son los modelos fundacionales, los grandes modelos de lenguaje (LLM) que funcionan como el cerebro de estos sistemas. Allí las principales potencias ya avanzan hacia controles cada vez más estrictos, porque consideran que estos modelos tienen implicancias económicas, militares y geopolíticas.Otra cosa muy distinta son las aplicaciones construidas sobre esos modelos. Allí entran desde agentes de IA para empresas hasta las eventuales “sociedades no humanas” imaginadas por Milei. En ese terreno, las reglas todavía están en discusión.La propuesta de Milei, que apunta a crear un marco jurídico para “sociedades autónomas” similar al que le permitió a Irlanda atraer inversiones vinculadas al software, orbita en este segundo terreno y merece ser debatida. También las advertencias de Harari, claro.Pero conviene no confundir los planos. Los modelos de IA enfrentarán cada vez más controles. El debate sobre sus aplicaciones, en cambio, recién empieza.Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de ClarínQUIERO RECIBIRLOInteligencia ArtificialEstados UnidosOpiniónNuevas Tecnologías