El pasado día 7, veinticuatro horas después del aplastante triunfo de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones en el land de Sajonia-Anhalt, el canciller Friedrich Merz dijo estar en estado de shock por el resultado obtenido por la formación ultraderechista. Cuesta entender la sorpresa del líder democristiano cuando se trataba de un resultado más que pronosticado por las encuestas, que podría repetirse, aunque en menor medida, en los comicios regionales en Mecklemburgo-Pomerania y en Berlín el próximo día 20, y que no son más que un reflejo del imparable ascenso de los partidos de extrema derecha prácticamente en toda Europa.Partidos ultranacionalistas, con duras recetas antiinmigración, negacionistas del cambio climático, prorrusos –o al menos poco dados a seguir apoyando a Ucrania– y contrarios a los derechos LGTBI participan ya en varios gobiernos estatales y regionales en Europa, y las encuestas apuntan a que su presencia institucional no hará más que crecer. Hoy mismo se celebran elecciones en Suecia, donde la ultraderechista Demócratas de Suecia podría entrar en un gobierno de coalición conservador al que hasta ahora había dado apoyo externo.Los partidos de derecha radical o de extrema derecha forman parte del Gobierno en varios países europeos, en particular en Italia, Finlandia, Croacia, Eslovaquia y la República Checa. En Francia, el Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen es claro favorito de cara a las elecciones presidenciales de la próxima primavera, según las encuestas. En el Reino Unido, Nigel Farage está consolidado como líder de la principal fuerza de la ultraderecha, Reform UK, partido que presenta la mayor proyección electoral del país. En España, Vox ya lleva años entrando en gobiernos autonómicos en una coalición con el Partido Popular, que se podría extender al Gobierno de España en las próximas generales.Son partidos populistas, antiinmigración, contra los derechos LGTBI y negacionistas climáticosEs en Italia donde la extrema tiene más poder institucional. Liderado por Georgia Meloni, que ha batido el récord de longevidad de la historia democrática en estar al frente del país, el Gobierno de coalición de Hermanos de Italia ha debilitado tanto a sus socios como a la oposición y se ha limitado más a gestionar que a innovar, con una mano dura con la inmigración que ha prevalecido frente a las críticas a su política de recortes y falta de inversión.En Bélgica, la N-VA, partido nacionalista flamenco de extrema derecha, dirige el Gobierno federal. La ultraderecha también ganó en Austria en el 2024, pero el FPÖ, de origen xenófobo, no logró gobernar y ronda el 40% en las encuestas. Por no hablar de su ascenso en Portugal con André Ventura y su presencia influyente en los Países Bajos, pese a ser derrotada en los últimos comicios, así como en Hungría, aunque Viktor Orbán haya perdido el poder. Y todos ellos cuentan con el apoyo de Donald Trump.La victoria de la AfD lanzó un mensaje inequívoco a Europa: se está acabando el tiempo para detener a una ultraderecha que no solo está desbordando los diques de contención, como los cortafuegos o cordones sanitarios, sino que con su mensaje populista y nacionalista está atrayendo cada vez a una parte mayor de la sociedad europea, cansada de ver como los partidos tradicionales, tanto de derecha como de izquierda, son incapaces de dar respuestas efectivas a sus problemas y necesidades. La ultraderecha se mueve como pez en el agua en ese escenario, con propuestas tan radicales como imposibles, con soluciones irrealizables en la práctica. Otro factor que ha creado este caldo de cultivo son las redes sociales y la desinformación.Muchas formaciones de la derecha ya no ven a los ultras como un peligro, sino como socio políticoLas crisis económicas, migratorias y culturales en Europa, así como un deterioro de la clase media europea y un creciente miedo al terrorismo y a los nuevos movimientos sociales como el feminismo, son factores que explican el ascenso de la ultraderecha. Ante ello, los partidos de derecha tradicionales han optado por responder a este auge de la ultraderecha desde dos posturas claras: con el aislamiento y rechazo completo a estos partidos o con la adopción de muchas de las medidas por las que estos abogan, dando un giro aún más conservador a sus programas políticos. Una parte cada vez mayor de los líderes y de las fuerzas conservadoras ya no considera la extrema derecha como un peligro que hay que contener, sino como un socio político legítimo.Pero la extrema derecha europea no es homogénea. Le Pen y Meloni se distancian de la AfD por considerarla demasiado radical. Este partido comparte en el Parlamento Europeo el grupo Europa de las Naciones Solidarias con las formaciones más radicales del continente. Vox, Le Pen, Orbán o Wilders se integran en otra familia política menos escorada, Patriotas de Europa. Una división que no esconde el peligro que estos partidos suponen para las democracias europeas.
El ascenso ultraderechista en Europa, por Editorial
El pasado día 7, veinticuatro horas después del aplastante triunfo de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones en el land de Sajonia-Anhalt, el canciller Friedrich Merz dijo estar en estado de shock por el resultado obtenido por la formación ultraderechista. Cuesta...













