‘Prácticamente magia 2’ repite algunos esquemas de la saga para tratar de rematar su impronta feminista y desestigmatizante sobre estas mujeres

En estos días de promoción de Prácticamente magia 2, Sandra Bullock, protagonista y ahora también productora, con Nicole Kidman, de la película sobre las Owens, una familia de brujas, recordaba cómo en 1998, cuando se estrenó la primera parte, los días frente a los micrófonos no fueron tan placenteros como ahora. “No fuimos bien recibidas porque éramos demasiado brujas, demasiadas mujeres, demasiado en general”, ha recordado la actriz en varias entrevistas. Las críticas en los medios especializados fueron implacables y la taquilla, un fiasco. “Pero aquí estamos, y qué suerte tenemos de seguir para poder cosechar los beneficios y las recompensas de nuestro trabajo. Resulta que hicimos algo bonito, simplemente llegó 28 años demasiado pronto”.

Prácticamente magia contaba a finales de los noventa la historia de una familia de brujas sobre las que pesaba una maldición: si una de ellas se enamoraba, ese hombre moriría. Esta losa se traducía en que Sally, el personaje que interpreta Bullock, renunciaba al amor y la magia tras el fallecimiento de su primer marido, y Gillian (Nicole Kidman) optaba por una vida de relaciones sin compromisos, aunque con algunas consecuencias también terribles. La trama unía a varias generaciones de mujeres, la brujería, el trauma, el estigma, la sororidad y hasta la violencia de género cuando todavía ni se atisbaba el MeToo. Se estrenó en la denominada prefase del girl power, la época embrionaria del feminismo actual.