Es sumamente complicado entender por qué una película funciona, así que a veces es socorrido tirar de apuntes sociológicos. Estudiar tendencias, atender a éxitos pasados y futuros, prefigurar en resumen un zeitgeist (un “espíritu del tiempo”) y concluir que el que una obra funcione o no ha de deberse siempre a él. Pero a veces no basta. No basta cuando la película que nos ocupa ni tiene buenas críticas ni triunfa en taquilla. Prácticamente magia fue, en octubre de 1998, un simple y llano fracaso. En el marco de una temporada que incluye fenómenos como Armageddon, Salvar al soldado Ryan o Mulan no hay lugar para Prácticamente magia. Simplemente, no funcionó.
Ocurre, por otra parte, que Prácticamente magia se estrenó el mismo mes que Warner, el estudio involucrado, estrenaba en televisión una serie de esquema similar, Embrujadas. Nos topábamos de nuevo con jóvenes y atractivas actrices, encarnando al igual que Nicole Kidman y Sandra Bullock a hermanas brujas. Así que, ups, algo de zeitgeist debía haber después de todo. En años inmediatamente anteriores, además, habían desfilado por las pantallas obras como El retorno de las brujas, Jóvenes y brujas o Sabrina, cosas de brujas. La cultura popular de los 90, no cabe otra conclusión, estaba interesada en las brujas. Y eso por no hablar de todo lo que supuso la publicación de Harry Potter y la piedra filosofal en 1997. Brujas y magos corrían a definir la época.










