La buena noticiaEl perdón de Dios crea un ámbito de gratuidad que el cristiano debe replicar con quien lo ofendió.

El perdón que nos damos, o debemos darnos, unos a otros cuando nos ofendemos es una práctica cristiana que tiene su motivación en el perdón que recibimos de Dios. Ciertamente, fuera del cristianismo también encontramos la práctica del perdón mutuo. El canto final de La Ilíada narra cómo los dioses promueven la reconciliación entre Príamo, padre de Héctor, y Aquiles, que lo había matado y ultrajado. Pero, fuera del régimen cristiano, la conducta más común es repagar la ofensa con la venganza, como atestigua esa misma obra cuando Aquiles le cobra a Héctor haber matado a Patroclo quitándole la vida. Las guerras son con frecuencia desquites por ofensas recibidas.

En el judaísmo bíblico, la buena relación del pueblo de Israel con su Dios estaba basada en la alianza que implicaba el cumplimiento de los mandamientos que Dios le había dado en el Sinaí. Los profetas denunciaron constantemente el quebrantamiento de esos mandamientos de parte de los gobernantes y del pueblo; sobre todo, cuando daban culto a otros dioses y cometían múltiples atropellos y crímenes. A principios del siglo VI a. C., la conquista de Jerusalén por los babilonios, el fin de la monarquía y el exilio subsiguiente se interpretaron como escarmiento que Dios infligió al pueblo por los pecados cometidos para provocar su conversión. De modo que el judaísmo que se reorganizó al término del exilio en la época persa acentuó muchísimo la conciencia de pecado y la necesidad de pedir perdón y expiar las faltas ante Dios. La solemnidad del Yom Kipur o Día de la Expiación, tan importante en el judaísmo hasta el día de hoy, se estableció, históricamente, en esa época posexílica.