Cuando somos pequeños, cada vez que le quitamos un juguete a otro niño, o nos enfadamos, los adultos nos exigen que pidamos disculpas. Hacerlo es la reacción básica ante cualquier error. Se supone que de pequeños aprendimos a perdonar. Sin embargo, cuando nos hacemos mayores, decir ‘lo siento’ es más que una simple norma familiar y algo que nos suele costar más practicar.

Pero en nuestras interacciones con los demás es inevitable que ocasionalmente cometamos errores o causemos daños. Y una de las herramientas más poderosas que tenemos para reparar el daño y mantener relaciones sanas es ofrecer una disculpa sincera.

¿Sabemos realmente qué es pedir perdón? Es más, ¿sabemos perdonar? Hacerlo no es solo esencial, sino también beneficioso en diversos aspectos de nuestra vida. Al practicar el arte de la disculpa, podemos fomentar la comprensión, restaurar la confianza y promover el crecimiento personal. Pese a todas estas razones, ¿por qué nos cuesta tanto pedir disculpas?

“Decir ‘lo siento’ es reconocer que hemos podido hacer algo mal y haber dañado a otra persona. Esto nos puede conectar con sentir culpa y, sobre todo, vergüenza lo que, para muchas personas, es difícil de sentir, casi intolerable”, nos explica Adelaida Navaridas, psicóloga de Amare Psicología.