Hace 25 años, el mundo cambió de rumbo en un instante. El nuevo milenio coincidió aproximadamente con la llegada de nuevos presidentes a Estados Unidos y Rusia, entonces las dos mayores potencias militares del mundo. Pero los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos alteraron radicalmente la trayectoria de ambos países, así como la de una China en ascenso, desencadenando una serie de acontecimientos que darían lugar al fragmentado orden geopolítico en el que vivimos hoy. Todos los que tienen edad suficiente aún recuerdan dónde estaban aquel fatídico día. Uno de nosotros estaba en Crimea, el otro en Jartum, y aunque estábamos atónitos, aún no sabíamos que estábamos presenciando el comienzo de una nueva era. En Estados Unidos, la potencia hegemónica indiscutible del mundo, el presidente George W. Bush había recorrido un camino tortuoso hacia la Casa Blanca, tras un recuento de votos en Florida que finalmente fue resuelto por la Corte Suprema. La mañana del 11 de septiembre, las cámaras de televisión captaron al presidente leyendo a niños en una escuela primaria de Sarasota, Florida, donde un asesor le susurró al oído que el país estaba siendo atacado. Su expresión de desconcierto anticipó la característica que definiría la política exterior estadounidense.
Cómo el 11S fracturó el orden mundial
Hace 25 años, el mundo cambió de rumbo en un instante. El nuevo milenio coincidió aproximadamente con la llegada de nuevos presidentes a Estados Unidos y Rusia, entonces las dos mayores potencias militares del mundo. Pero los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos alteraron radicalmente la trayectoria de ambos países, así como la de una China en ascenso, desencadenando una serie de acontecimientos que darían lugar al fragmentado orden geopolítico en el que vivimos hoy. Todos los que tienen edad suficiente aún recuerdan dónde estaban aquel fatídico día. Uno de nosotros estaba en Crimea, el otro en Jartum, y aunque estábamos atónitos, aún no sabíamos que estábamos presenciando el comienzo de una nueva era. En Estados Unidos, la potencia hegemónica indiscutible del mundo, el presidente George W. Bush había recorrido un camino tortuoso hacia la Casa Blanca, tras un recuento de votos en Florida que finalmente fue resuelto por la Corte Suprema. La mañana del 11 de septiembre, las cámaras de televisión captaron al presidente leyendo a niños en una escuela primaria de Sarasota, Florida, donde un asesor le susurró al oído que el país estaba siendo atacado. Su expresión de desconcierto anticipó la característica que definiría la política exterior estadounidense.












